Avenida Manuel Salmerón

(Siglo XIX). Se convierte en una vía básica del ensanche urbano, como espacio representativo del ascenso económico y social de la burguesía enriquecida, y todavía se mantiene hoy como principal artería comercial.

En estos ensanches burgueses las viviendas se convierten en símbolos de modernidad, conformadas por viviendas unifamiliares de las dinastías locales, primeramente de dos plantas, para aumentar después a tres, pero siempre manteniendo la simetría de composición y una fachada representativa. Esta fachada se convierte en elemento ordenador de la nueva ciudad burguesa deseada por las élites locales como expresión de sus símbolos y valores, lo que implica el recurso al clasicismo y al ornato como estéticas permanentes, y al historicismo y al decorativismo como lenguajes expresando el triunfo de la burguesía como clase social.

Las viviendas de esta calle muestran la superación de la tradición morisca y las casas señoriales del Antiguo Régimen por unos inmuebles burgueses más modernos, que incrementan su altura hasta las tres plantas (más monumentalidad), que regularizan sus vanos (dispuestos en ejes verticales paralelos según un rígido esquema de simetría y uniformidad, basado en los principios compositivos normalizados por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando) y que adoptan novedades ornamentales del momento (cornisas de separación de plantas, salientes aleros, molduras de recercamiento de puertas y ventanas…). Las rejas, dispuestas en ventanas y antepecho de balcones al exterior, y en las cancelas de zaguanes y barandas de escaleras en el interior, se convierten también en semántica del poder y símbolo de prestigio social, sustituyendo al valor de la heráldica en la Edad Moderna.

Abierta en 1857, originalmente se llamaba calle de La Unión, según la leyenda por haber puesto de acuerdo a liberales y conservadores (familias Ibarra y Joya), que entonces pugnaban por el poder local. Otros aseguran que sirvió para acceder a la carretera comunicando Almería con La Alpujarra.

Sea como fuera, en 1918 cambió su nombre en recuerdo del insigne escritor local Manuel Salmerón Pellón, malogrado en la epidemia de gripe.